Corrazonar la educación: De dormir en los sueños a caminar hacia ellos

Al deseo, acompañado de la idea de satisfacerse, se le denomina esperanza; despojado de tal idea, desesperación

 Thomas Hobbes.

Domingo al medio día: un poco tarde para empezar este texto que ya se debió haber entregado para su revisión. ¡Aushh! omitan la última parte jajaja; somos rigurosas/os en nuestra practica  y funcionamos como un relojito. ¡Bueno, bueno!, para no perder audiencia nos excusamos porque ayer estuvimos hasta tarde, compartiendo entre talleristas y chicas/os del preu, en una actividad extra en donde conocimos decenas de otras experiencias de autogestión, las cuales nos hizo  pensar sobre el montón de cosas que queremos y nos falta hacer. Personalmente, como tallerista me encantan esas actividades extra, casi un poco más que los talleres y eso ya es mucho decir; es que  cada día que pasa, en cada idea, en cada historia personal, en cada carcajada, en cada abrazo, en cada ¡hola!, uno encuentra el lugar donde quiere estar: este sumidero de tiempo como dice una compañera,  en el que se nos atrasan las responsabilidades externas, las cuales, acumuladas, parecen menos importantes.

¿Cómo? ¿Qué a usted que le interesa esto? ¿Qué no le hagamos perder el tiempo? ¿Qué dónde está la reflexión teórica prometida entre palabras técnicas y citas a europeos reconocidos?

Yo sé que hay cursilerías que no se soportan en otras/os y sin embargo se ve repitiendo cuando le llega su momento o que hay canciones que sólo hallan su verdadero sentido para nosotras/os cuando tocan adentro. Disculpe usted, mi intención no es escribir para mí mismo, es que me dejo apasionar y termino escribiendo como vivo y difícilmente vivo cumpliendo normas de estilo. Además tengo que decirle que tampoco creo que corrazonar sea una palabra técnica, ni siquiera ha sido aprobada por la Real Academia, pero para mediar le ofrezco una referencia a un autor que si bien no es europeo, tiene un apellido de compleja pronunciación, Gabriel Kaplún se llama este uruguayo, quien en el seminario – taller Educación Popular y Debate Educativo del 2006 mencionaba que:

Con respecto al aprendizaje corresponde diferenciar entre los aprendizajes vivenciales de lo cotidiano y los aprendizajes de las aulas que se olvidan a veces enseguida después de las aulas ya que hay un conjunto de cosas muy grandes olvidadas… Otra de las cosas que aparece con mucha fuerza es lo afectivo en el aprendizaje como experiencia fuerte aprendemos sentí – pensando, es decir, corrazonar podríamos decir, en el sentido de razonar con el otro y con el corazón, aprender con el otro, aprender como acto social [mientras] el proceso de enseñanza está diseñado y mucho más pensado para aprender sólo.

¿Y si lográramos hacer uno el aprendizaje vivencial y el del aula? ¿Si lográramos corrazonar en el sentido amplio de la palabra? Esto me recuerda a las/os chicas/os del Preu que ya han empezado a asumir el espacio como propio. Por ejemplo, en una entrevista realizada a tres chicas/os y a un tallerista, uno de ellos comentaba: “He aprendido más en estos cinco meses en el Preu que en los cinco años en el colegio… aunque el espacio no es perfecto, lo sería si llegará más gente”. En la misma entrevista el tallerista dijo: “sin importar que pase después, uno puede decir que la experiencia misma ya valió la pena”. En otra oportunidad, después de una salida pedagógica, uno de los chicos ponía como título en su red social a unas fotos del evento “Uno de los mayores placeres sin dinero que hay en la vida”. Así podría contar cientos de momentos pero por ahora miremos cómo estas palabras están cargadas de significado: primero, porque en ese entonces no habían sido cinco sino solo dos meses en ese proceso puntual, lo que me lleva a pensar que ese sumidero de tiempo no actúa linealmente sino que duplica o incluso multiplica exponencialmente la experiencia, y segundo, porque la sobreestimación del espacio me lleva a creer que dejó de ser un cúmulo de sesiones y paso a  ser parte central de la vida, tanto de talleristas como de las/os chicas/os participantes, los cuales aun cuando no se vean todos los días, sí se piensan constantemente para potenciarse en un nosotras/os colectivo y diverso.

Ya con poco espacio en el lugar de impresión y aclarando que ese “nosotras/os” no actúa como gueto o pandilla sino que es amplio (estamos a la espera de que “llegue más gente”), me permito compartir, más a modo de experiencia que de norma o manual, algunas de las reflexiones recogidas en el camino:

–       Los sueños como las teorías se vuelven fronteras con muro cuando no permiten el libre tránsito a través de los desarrollos propios de cada contexto.  Deben marchar como brújula en el camino, pero no como camino mismo.

–       Al ser la educación, y más la popular, una práctica en tensión, en tanto es un espacio de encuentro de diversos sujetos e intereses, debe estar confrontando otras propuestas y confrontándose a sí misma continuamente. En consecuencia, no debe buscar generalizar ni aislarse de otras propuestas, debe reconocer las particularidades de su contexto, las potencialidades y obstáculos más inmediatos para después, establecer dialogo con otros contextos con quienes a pesar de las diferencias se comparten problemáticas estructurales.

–       El éxito de una propuesta está marcado más que por un punto de llegada, por su desarrollo continuo y por la mirada que sobre él vayamos construyendo. Primero, porque en tanto lo entendemos como proceso y reconocemos la diversidad de capacidades individuales, los intereses, las relaciones construidas, etc. Asumimos apuestas acordes a esas cualidades, y segundo porque conforme reflexionamos sobre el camino recorrido, aquello que vamos transformando también nos va transformando, por ejemplo va cambiando el como valoramos o percibimos el proceso, e incluso en la forma cómo nos comprometemos.

–       En ese camino es muy importante reconocernos como seres polifacéticos y reconstruir el espacio en muchas dimensiones en las que talleres, salidas de reconocimiento territorial, momentos culturales, visitas a otras experiencias, encuentros recreativos y prácticas vivenciales entre otros, nos permitan cuestionarnos, jugar, representar, reír, soñar, analizar, superar necesidades y compartir.

–       Una de las diferencias entre la educación conservadora y a la que le apostamos, es que en la primera hay cifras medidas y delimitadas, mientras que en la segunda es la motivación de cada ser complejo la que permite desarrollos y actos solidarios difícilmente cuantificables, logrando que las inseguridades se vayan convirtiendo en afirmaciones de cada sujeto y colectivo, reflejándose en la/el nueva/o compañera/o, en lo descubierto o en lo recién creado.

–       Una de las victorias del liberalismo burgués está en mantenernos aislados aun sin necesidad de usar siempre la violencia física, por tanto una de las tareas fundamentales de la educación para recobrar nuestro poder popular es romper desconfianzas e incomunicaciones tejiendo vidas colectivas en resistencia.

Por último, reafirmando que nuestro medio, que es la educación, no lo vemos sólo como instrumento (medios para alcanzar fines), sino como un lugar de desarrollo (medio como hábitat), recordamos  un proverbio japonés: “Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar”.

Tallerista de la Pre-Universidad Tunjuelo Popular

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