Experiencias Escolares: Habla el estudiantado

 111Las nociones acerca del modelo educativo y sus respectivas connotaciones, son tan variadas como las experiencias de las personas que vivimos la implacable imposición de este estilo de vida , que según los argumentos de la sociedad, es la mejor opción para nuestros destinos. Con la intención de recopilar y replicar las perspectivas construidas en nuestro paso por las instituciones educativas, lxs participantes de Antorcha Educativa desarrollamos una sesión encaminada a fomentar la reflexión y a elaborar un conocimiento transformador de nuestras realidades pedagógicas.

En un ambiente ameno y de confianza, recordamos nuestros pasos por este camino, sin más intención que exponer y compartir algunas de nuestras opiniones; así, nos separamos de las construcciones teóricas y enfatizamos en liberar nuestras voces y compartir las reflexiones elaboradas. Antes de señalar algunas conclusiones colectivas -de carácter provisional-, es relevante señalar que la metodología utilizada fue una entrevista grupal, donde la vivencia individual fue el sustrato que se quiso resaltar. Si bien, se han comprendido los obstáculos que debe sortear la educación oficial, tales como la falta de maestrxs, el mal estado de las instalaciones, la carencia de recursos, la privatización de la educación y un sin número de problemas inherentes a las pretensiones de las instituciones estatales, es preciso rescatar, desde la experiencia cotidiana, otros sinsabores que nos deja el recorrido por la es-cuela. Rememorar, crítica y reflexivamente, los acontecimientos significativos para nosotrxs, fue uno de los objetivos de este ejercicio.

Un primer elemento común de nuestros relatos fue el carácter de la relación entre maestrx y alumnx: de corte autoritario, en la que, por un lado, el alumnx carece de representación y, por otro, la voz del/a docente se enaltece con el estandarte de la razón y de la verdad. De este modo se hace evidente que en esta relación afectiva llamada pedagogía, al menos en los espacios donde se imparte la educación oficial, priman los criterios de un sujeto, el maestro, convertido en figura de poder por su “conocimiento” y su “experiencia”. Además, como afirmó un participante, en mu-chas ocasiones el estudiantado adolece de representación política o su participación es desvalorada por los entes encargados de regular la aplicación de políticas públicas en educación, recalcando así la pirámide de autoridad ejercida en estos espacios.

210La estratificación de los individuos según las capacidades de conocimiento, establecidas por la institucionalidad, que a su vez degrada la posibilidad de desarrollarse libremente y de acuerdo con las pretensiones personales, fue el segundo aspecto en el que coincidimos buena parte de lxs asistentes. Buscando escudriñar las formas, totalizantes y egoístas, de medir y cuantificar las capacidades individuales, manifestamos cierto desasosiego ante los niveles de exigencia estandarizados, que se aplican como si todxs tuviéramos los mismos gustos y afinidades. Nuevamente la individualidad es absorbida por el “bien común”. Esta dinámica también la percibimos en los mecanismos de comprobación y medición de las aptitudes de aprendizaje, como el Icfes o las evaluaciones, que homogenizan los conocimientos de los individuos y desconocen que cada ser humano tiene diferentes potencialidades e intereses. La anterior reflexión está ligada a proponer que la finalidad de la educación institucional no está en transformar nuestras perspectivas sobre la realidad o comprender nuevas ideas, se trata de pasar las materias, aprobar logros o satisfacer a otras personas (familiares, profesorxs, compañerxs o a la sociedad).

Finalmente, algunxs participantes del taller, simpatizamos con la idea que plantea que el sistema educativo, como campo abierto a disensiones, implica la imposición de un estilo de vida, determinado por la sociedad y por el beneficio que le presta a esta. Esto influye en la pérdida de la autonomía, de la libertad de expresión y tiende a suplantar la crítica y la inconformidad por la obediencia y el respeto a las autoridades. No menos importante es la cuestión de la competitividad, símbolo de una sociedad individualista y jerarquizada, que de acuerdo con nuestras vivencias, se expresa en la aceptación de un deber ser y en el recorrer un sendero plaga-do de rivalidades, presiones e insatisfacciones. En síntesis, aquí prevalece la competencia y no la solidaridad entre iguales, la oda a la obediencia y no la crítica a lo establecido, el ideal del beneficio económico que brinda la cualificación y no el crecimiento como seres humanos.

Aunque no logramos comprender la totalidad del problema, estas fueron algunas de las reflexiones que nos dejó nuestro paso por los planteles educativos. Estas proposiciones, están abiertas a debates y aportes, puesto que no buscamos hacer de nuestras ideas unas verdades indiscutibles. Que-dan pendientes formulaciones para propiciar la acción frente a las tensiones propias de estos espacios, sin embargo, de esta iniciativa resultó, por una parte, la ampliación de nuestro panorama de posibilidades de elegir el camino, cambiante e indefinido, que anhelamos para nuestras existencias y ,por otra, añadir al deba-te de la educación popular y liberadora algunos comentarios que puedan ser útiles al momento de idear nuestras acciones.

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