El innovador, equitativo y objetivo sistema de admisión de la Universidad Nacional

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Al ser talleristas de un pre-icfes o pre-universitario popular la pregunta “¿cómo le fue?” o mejor aún“¿pasó?” se hace obligatoria en las conversaciones con lxs educandxs de estos procesos. En mi caso particular no pensé que esas conversaciones me resultaran tan incómodas al no saber qué decir.La primera de ellas fue con un compañero del Pre-icfes Popular El Hormiguero. Luego de preguntarle por sus resultados en el examen de la nacho y por las razones de no haber quedado clasificado, él me preguntó: “… ¿usted cómo cree que me fue? ¿Bien, mal o cómo?”Además de animarle a seguir presentándose, no pude ni quise darle un calificativo -¿respecto a qué estuvo mal o bien? ¿Por qué darles alguno de esos calificativos a los 50000 aspirantes que también quedaron fuera?-Aún más cuando el nuevo mecanismo de admisión en la UN lleva apenas un año.

De ahí que viera importante reflexionar sobre las motivaciones y consecuencias de la incorporación del nuevo sistema de admisión. El cambio fue reconocido como innovador por la agencia de noticias de la Universidad Nacional, que lo comparó con la reforma académica aplicada hace unos años en la misma institución. El rector Ignacio Mantilla, por su parte, argumentó que en el antiguo sistema existía inequidad, en tanto personas que tenían buenos puntajes no accedían a la universidad. Además señaló: “el único argumento para acceder a la educación superior, es la excelencia académica”.

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Con la entrada en vigor de la propuesta ya no se compite por cada carrera, sino todxs contra todxs. Es decir que si antes se soñaba con ser arquitecto, unx se presentaba a esa carrera y podía o no pasar entre aquellxs que se presentaron a ese mismo programa y en la sede de presentación. Ahora, cada unx se presenta a nivel nacional y dependiendo el puntaje es clasificado en grupos (para el periodo de 2013 segundo semestre se manejaron 9 grupos), si tiene un mayor porcentaje en el examen puede quedar en el grupo 1, que viene a ser el grupo privilegiado pues tiene a disposición to-das las carreras y puede decidir en qué sede de la universidad estudiar. Mientras, los últimos grupos deben decidir, si estudiar cualquier carrera o no aceptar el cupo. Así, si clasificó a un grupo, digamos el 4, y la opción, volviendo al ejemplo, era estudiar arquitectura, pero ya no hay vacantes para ese programa puede estudiar otra cosa de lo que quede ofertado, le guste o no o, simplemente, dejar desierta la plaza, y buscar opciones en otras universidades.

Llama la atención que la mayoría de los inscritos a la carrera de Trabajo so-cial, en el antiguo sistema, eran mujeres. En el actual sistema la mayoría son hombres. Esto sería un poco extraño, pero lo es más cuando de los inscritos a la carrera tan sólo 12 lo tenían como primera opción. Así las cosas, personas con un cupo a la Nacional inscribiéndose a la carrera que hay o queda, sin ningún tipo de afinidad con el programa curricular y dejando a personas que sí les puede interesar sin cupo, me hace preguntarme sobre la equidad y la excelencia académica tan reiterada por el rector.

Y eso de la equidad queda en duda, si miramos que ingresar a la U no garantiza la permanencia. Tener un promedio académico ponderado (PAPA) menor a 3 o un “cupo” de créditos insuficiente son causantes de que lo echen a uno de la Universidad: ¿son equitativos estos mecanismos?. Cuando unx comienza la carrera no hay una “historia escrita”, eso quiere decir que es más fácil que el PAPA suba o baje y que tampoco se han podido “acumular” créditos adicionales, por lo que dichos mecanismos son más severos con personas de primeros semestres.

Me remití entonces al segundo argumento del rector: “la excelencia académica”. A la luz de éste los mecanismos resultan equitativos, en tanto el ingreso a la universidad depende solamente de las “capacidades individuales”. Sin embargo verlo de esta forma “objetiva” desconoce lo que hace algún tiempo el exrector Moisés Wasserman reconocía: hace 30 años los mejores colegios eran públicos, mientras que ahora los mejores puestos los ocupan colegios privados muy costosos, factor que, como antes mencionaba, inevitablemente influye en esa “excelencia académica” de la que depende la admisión.

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Y es a propósito de este concepto que quiero traer a colación la segunda de las conversaciones que mencionaba al comienzo: esta vez con un compa de la Preuniversidad Tunjuelo Popular. Luego de agradecerme porque mis clases “lo ayudaron a pasar”, lo primero que le dije fue que estábamos para colaborarnos, sin embargo lo pensé un poco mejor y quise señalarle que eso lo había logrado principalmente por cuenta propia, en tanto autónomamente estaba siempre en búsqueda de los espacios para su formación. Quise además invitarle a que siguiera con esa actitud ahora que entró, pero creo que no me explique bien pues parece que en él quedó la impresión de que la U es difícil y hay que camellarle para no “dejarse sacar”.

¿Que la U es difícil? Allí vuelve a aparecer el cuento de la excelencia académica (o a veces llamada calidad), no solamente para el ingreso, sino pensando en las personas egresadas de la Universidad. Estos criterios “objetivos” reconocen otra meta de la educación: además de “promover la equidad” (con la admisión, la bolsa de créditos y el PAPA) “promueve el desarrollo de competencias” en los profesionales sin estar sesgados por un interés.

Me surgió una duda: ¿Por qué hace unos años el profesor Julio Fierro de geología señalaba que las consecuencias de la ola invernal eran también responsabilidad de los profesionales de esta área, en tanto en la U se había priorizado la extracción de minerales? o ¿Por qué en estos días salen a las calles estudiantes del área de la salud criticando una visión de ésta, que incluso ha perneado la educación misma?

Allí, creería yo, surge más de un interrogante por la “calidad”: uno por la pertinencia de la educación. Y es ésta justa-mente la invitación más clara que yo quería hacerle a la persona de la segunda conversación. La cuestión no es sólo asumir el compromiso de trabajarle a su propia educación, sino también asumir autónomamente la búsqueda de la pertinencia y el sentido mismo de la educación. Creo que este sistema de admisión no es un caso aislado, en tanto medidas similares han caracterizado la última década de las Universidades públicas y aún peor se han implementado sin reflexión por sus consecuencias.

Nosotrxs, desde los pre-icfes y pre-U’s populares, reconociendo este sistema que reproduce las desigualdades hemos decidido encontrarnos para posibilitar el acceso a la educación superior a pesar de la exclusión presente desde los exámenes de admisión, pero aún más para reflexionar sobre esta realidad compleja y resignificar la educación, fuera o dentro de las Universidades, no sólo apropiándonos de nuestro proceso formativo, sino reflexionando sobre los ¿para qué? y en esa medida dándole sentido.

Tallerista Pre Universidad Tunjuelo Popular

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