IRES Y VENIRES POR EL TERRITORIO. Reflexiones tejidas desde las experiencias territoriales, recogidas y vivenciadas, por la CPEP En Lucha

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El territorio como concepto ha sido analizado desde múltiples perspectivas y lugares de enunciación.

En un marco común geográfico, el concepto territorio se ha comprendido como “una extensión terrestre delimitada que incluye una relación de poder o posesión por parte de un individuo o un grupo social. Contiene límites de soberanía, propiedad, apropiación, disciplina, vigilancia y jurisdicción, y transmite la idea de cerramiento” (Montañez & Delgado, 1998, p. 123), enfatizando el lugar, “el territorio se construye a partir de la actividad espacial de agentes que operan en diversas escalas (…) dado que la capacidad y alcance de la  actividad espacial es desigual y convergente en los lugares,  la  apropiación de territorio y, por consiguiente, la creación de la territorialidad, generan una geografía del poder caracterizada por la desigualdad, la fragmentación, la tensión y el conflicto” (p.125).

Por otro lado, el territorio como relación geo-eco-antrópica multidimensional, extiende la comprensión geográfica y complejiza su caracterización, desde este modelo se ha considerado que:

La configuración del territorio se entiende a partir de su condición de marco de posibilidad concreta en el proceso de cambio de los grupos humanos.  Sin  embargo,  también  es  el resultado de la representación, construcción y apropiación que del mismo realizan dichos grupos, así como de las relaciones que  lo  impactan  en  una  simbiosis  dialéctica  en  la  cual  tanto el  territorio  como  el  grupo  humano  se  transforman  en  el recorrido histórico. (Sosa, 2012, p. 7)

Diversificadas las posibilidades de entendimiento sobre el concepto de territorio, podemos afirmar que no hay dos iguales; como no hay comunidades idénticas, ni seres exactos que las conformen. De tal modo, desde los sentidos del territorio, es trascendental el reconocimiento de la diversidad en el tejido territorio-comunidad-sujeto pues, “cualquier territorio es un territorio de la diferencia en tanto implica una formación ecológica, cultural y socialmente única de subjetividad, lugar y región. En casos donde las diferentes ontologías están involucradas, el tratamiento teórico y político de diferencia se hace aún más importante” (Escobar, 2010, p.40)

553686_331581690321609_1261180913_nSumado a lo anterior, ‘‘el territorio constituye el espacio de socialización cotidiana. Es un espacio estructurado y estructurante de relaciones de poder, donde se construyen códigos, sentidos, rutinas y, en general, praxis culturales desde las cuales las personas significan la vida y conforman sus estilos y formaciones de vida’’ (Cruz, 2014, p. 623).

Ante lo expuesto, la Coordinadora de Procesos de Educación Popular En Lucha (a partir de ahora CPEP En Lucha) ha formulado distintas preguntas trabajadas al interior de los colectivos que la conforman, y en asocio con las personas que han acompañado las anteriores versiones de la Escuela de Nuevas Educadoras Populares (a partir de ahora ENEP). En estos ejercicios, hemos comprendido al territorio como un espacio de significaciones producto de relaciones dialécticas tejidas entre lo corporal, lo geo-espacial y la mediación social. Fruto de estos diálogos, en la tercera ENEP, la CPEP En Lucha concluyó que no es posible encontrar una definición totalizante y precisa, en tanto la comprensión sobre el territorio varía en relación al contexto situado y a las diversas dimensiones constitutivas del ser.

Por tanto, la Coordinadora en conjunto con las participantes de sus escuelas, convinieron abordar dos dimensiones de las relaciones territoriales identificadas desde la educación popular: los territorios educativos y los territorios populares. Definimos  a los territorios educativos como aquellos espacios compartidos en donde las mediaciones propias del acto educativo, en un ejercicio que intersecta condiciones específicas a nivel social, económico y cultural,  forman y transforman a quienes viven en el territorio. En cuanto a los territorios populares, reconocemos que estos se definen a partir de los grupos sociales que los habitan y que comparten, entre otras cosas, condiciones  de opresión y explotación. (Coordinadora de Procesos de Educación Popular [CPEP En Lucha], 2015, p. 19)

Estas dimensiones alcanzadas en el desarrollo de los diferentes espacios de discusión, nutren las comprensiones subjetivas que cada una de nosotras elabora en su interior y aporta a la urdimbre del territorio compartido en el quehacer de la educación popular.

12065915_774348256044948_316373723618107378_nTras estos años de tejido colectivo, hemos comprendido que más allá de la búsqueda por espacios de significación en torno a la conceptualización sobre el territorio, se hace urgente avanzar en el camino de la inserción territorial y el trabajo que media nuestras apuestas colectivas de emancipación con el reconocimiento de las opresiones compartidas por nosotras y las comunidades de los territorios que nos acompañan y acompañamos. Para esto, hemos considerado la necesidad de implementar en nuestros enfoques epistemológicos la capacidad sentí-pensante-actuante orientada por el diálogo de saberes y el diálogo cultural (CPEP En Lucha, 2015).

Siguiendo lo mencionado, antes de adentrarnos en laberintos conceptuales, creemos pertinente retornar a la materialidad del territorio que consideramos se presenta en el intercambio cultural de las relaciones sociales tejidas por las comunidades. Comunidades que componen territorios y son estas junto a las dimensiones que las atraviesan, el centro de nuestro trabajo popular.

En relación con el concepto comunidad (al igual que territorio) es preciso indicar que lo entendemos de manera crítica, situada, diversa y heterogénea, atendiendo a las reflexiones propuestas por Alfonso Torres:

Las referencias a la “comunidad” y a lo comunitario son comunes en los discursos de políticos, planificadores, activistas sociales y educadores (…) más que un concepto, “comunidad” se ha convertido en una imagen que es más lo que oculta que lo que permite ver, pues tiende a identificarse con formas unitarias y homogéneas de vida social en las que prevalecen intereses y fines comunes. Generalmente asociada a un territorio (local, regional, nacional e incluso internacional) esta imagen idealizada e ideologizada de comunidad, invisibiliza las diferencias, tensiones y conflictos de la vida social; al naturalizar “la comunidad”, se asume como  realidad evidente y “transparente” y por tanto, incuestionable; en ese sentido, se “va a la comunidad”, se habla a nombre de “la comunidad”, se hace “trabajo comunitario”, se impulsa la “participación comunitaria” o el “ desarrollo “comunitario” (…) Sin que lo pretendan, las posiciones entusiastas y escépticas frente a lo comunitario están atrapadas de la misma imagen de comunidad, pues ven en ella, un “esquema de vida o interacción social propio de aquellos grupos tradicionales en los cuales se consideran que las relaciones entre sus miembros pueden desarrollarse con mayor intensidad y compromiso afectivo” (Jaramillo 1987:53); por ello, automáticamente asocian lo comunitario a lo rural, a lo popular, a lo local, realidades vistas como esencias unitarias y homogéneas propias del pasado. (2002, p. 29)

Siguiendo las recomendaciones del profesor Torres, consideramos que el vínculo social por el cual se tejen los territorios y que se expresa en las comunidades específicas no idealizadas, debe permitirnos avanzar hacia objetivos comunes, respetando y potenciando mutuamente nuestros procesos emancipatorios para construir realidades alternas que disputen el control hegemónico. De tal manera, coincidimos con Torres (2002) en que:

La construcción colectiva de un horizonte histórico, las experiencias acordadas y compartidas, así como la lucha contra otros actores con proyectos diversos, contribuyen a que estas constelaciones de individuos asociados intencionalmente se conviertan en actores colectivos con capacidad de incidir en la dinámica social en su conjunto.  Los sujetos colectivos se van constituyendo en la medida en que pueden generar una voluntad colectiva y despliegan un poder que les permite construir realidades con una direccionalidad consciente. (p. 39)

Llegadas a este punto, aceptamos la invitación a indagar por las complejidades inherentes a las concepciones de la comunidad, complejidades que configuran las relaciones sociales, las mismas que, de manera dialéctica crean y recrean las nociones de territorio.

Por todo lo hasta aquí expuesto y ante las múltiples significaciones posibles respecto a la pregunta que tradicionalmente nos hemos formulado: ¿qué es un territorio? Consideramos pertinente reformular nuestros cuestionamientos para organizar nuestras curiosidades en torno a preguntas dinamizadoras en el plano del quehacer.

De tal modo, dos preguntas que hoy nos competen y queremos compartir con ustedes juegan en la dimensión de la materialidad construida a partir de las nociones expuestas.  En ese sentido, nos preguntamos y les preguntamos:

¿De qué maneras incidimos en los territorios desde la Educación Popular?

¿Qué estamos haciendo en nuestros territorios y hacia dónde vamos andando?

Referencias:

Coordinadora de Procesos de Educación Popular En Lucha. (2015). Cartilla la Experiencia de la Escuela de Nuevas Educadoras Populares: entre la formación, la sistematización y la acción transformadora. Recuperado de http://es.calameo.com/read/004558438d8487ec28427

Cruz, S. (2014) Violencia y jóvenes: pandilla e identidad masculina en Ciudad Juárez. Revista Mexicana de Sociología 76, núm. 4. Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Sociales.

Escobar, A. (2010) Territorios de diferencia: Lugar, movimientos, vida, redes. Primera edición en español, Envión editores.

Montañez, G. & Delgado, O. (1998) Espacio, territorio y región: conceptos básicos para un proyecto nacional. Cuadernos de Geografla, Vol. VII, No. 1 -2. Universidad Nacional de Colombia.

Sosa, M. (2012). ¿Cómo entender el territorio? Ed. Belinda Ramos Muñoz. – Guatemala: URL; Editorial Cara Parens.

Torres, A. (2002) Reconstruyendo el vínculo social: Lo comunitario en tiempos globalizados. Revista Prospectiva, nº 6-7. Universidad del Valle.

 

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