Reflexión proceso pedagógico del Grupo de Trabajo en Educación Popular “Los 12 Juegos”.

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#BoletínEducándonos #CPEPEnLucha
[Para leer y compartir]

Mi viaje comenzó en el momento en que fui consciente que sería maestra, en el momento en que comprendí que, al recibir mi título, no solo tendría la preocupación por enfrentarme al mundo real, a aquel del desempleo y la monotonía, sino que también me enfrentaría al hecho de recibir en mis manos la vida de niños, niñas y adolescentes que construyen sueños en su caminar; seres que luchan cada día y se manifiestan a través de sus rabietas, de sus locuras, de su timidez, de sus palabras e incluso desde sus silencios. Fue ahí cuando me pude dar cuenta que la responsabilidad era más grande de lo que creía y, a diferencia de lo hecho por mis profesores, la cuestión iba más allá de “aprender una lección”; era construir conocimiento, pensamiento… era luchar por un espacio mejor, utilizando como herramienta la educación.

Lo anterior me llevó a pensar que la revolución más grande que podía adoptar en mi vida era el enseñar y, por supuesto, el aprender cada día. Pensé muchas veces cómo se podrían generar las transformaciones sociales, aquellas que rompieran -aunque fuese un poco- con el individualismo, el egoísmo y con la deshumanización a la cual nos ha traído el sistema capitalista y neoliberal en el que nos encontramos inmersos. Fue en aquel momento cuando entendí que la educación es la base de la sociedad, que es el medio por el cual podemos transformar y generar procesos de empoderamiento. Entonces aprendí la importancia de la unidad, del aprender de otros, de compartir el conocimiento, la importancia del diálogo y, como dice una canción que me gusta: aprendí que la utopía hay que hacerla cada día, que se vale soñar pero que vale aún más el trabajar a cada instante por aquellos sueños.

Empero… entre tantos pensamientos y deseos por construir espacios distintos, me encontraba con la duda de quién más estaría conmigo, es decir, he vivido rodeada de personas con pensamientos similares, con discursos de igualdad, de lucha y justicia social. Pero que se han quedado allí: en los discursos, mientras sus acciones se basan en el conformismo y la pasividad. Algunos dirán: “¡Lógico, no está sola, hay muchos luchando, hay muchos trabajando por un mundo más justo y por una educación más equitativa!” y… sí, es verdad, hay muchos que trabajan por un mundo distinto a nivel nacional y en Latino América, pero… aunque suene un tanto irreal, en ocasiones es difícil encontrarlos, sentirse bien con ellos y dar cuenta que mantienen una coherencia entre lo que dicen, piensan y hacen. También es cierto que cada uno puede generar pequeños o grandes aportes en el día a día para un cambio, pero algo es claro: es mejor cuando trabajamos con otros y construimos desde los saberes populares, desde las experiencias del diario vivir, desde el hombro a hombro, pues como dice el adagio popular “la unión hace la fuerza” y solo se puede transformar nuestro entorno si juntos, como compañeros, empezamos a analizar aquellas situaciones que nos invitan a tener una conciencia crítica y analítica de nuestra realidad para así comprender por qué y cómo luchar.

Fue en medio de esa búsqueda de otros que creyeran en la educación y en los procesos populares, que me encontré con el Grupo de Trabajo en Educación Popular (GTEP). No fue hace mucho. No sabía si me permitirían acercarme al grupo, pues aunque estaban solicitando talleristas, no sabía que requisitos podían llegar a pedir y, por supuesto, tampoco tenía idea si yo podría aplicar dentro de ellos. Llegué un sábado a una casita que ellos llamaban Centro de Educación Popular Chipacuy. Un compañero me contó, groso modo, la historia del GTEP y del Pre Icfes Popular mientras otros talleristas realizaban las entrevistas a los educandos y educandas que iniciarían su proceso educativo este semestre.

La información dada fue bastante interesante, pero era mucha para ser recordada de un momento a otro, había cosas que no entendía y solo podía pensar -un poco nerviosa- “bueno, ya iré conociendo todo en el camino”, pues el compañero de manera muy animada me dijo que podía conocerlos y apoyarlos en lo que ellos llamaban “los espacios transversales”. No lo puedo negar, me dio alegría verlos trabajando a todos juntos, construyendo ese espacio, me emocioné al pensar que les podría colaborar en escenarios académicos que conozco, como psicopedagoga he tenido que hacer talleres y dar charlas de algunos temas que están contemplados en los espacios transversales, y aunque me sentía un poco ansiosa y nerviosa era muy grato estar allí. Después de unos minutos entramos al salón y me presenté, los compañeros me parecieron personas muy cordiales y amigables, se cuadraron las actividades para la inauguración del Pre Icfes Popular, así se cerró la reunión por ese día. Cuando salí de allí y me dirigía para mi casa solo podía sentir alegría y deseos de trabajar con ellos, de ayudarlos y, por supuesto, de aprender.

16299159_1258424717580658_2072412385066376094_nAl día siguiente fui la primera en llegar a Chipacuy para la inauguración, llegué a la hora que se había acordado y no había nadie, por un momento pensé: “¿Será que me hicieron una primiparada?”, me reía para mis adentros… pero no, me di cuenta que no fue así; empezaron a llegar otros compañeros, luego se abrió el centro de educación popular y se dio inicio a la jornada. Este día habían personas que no conocía y aunque me sentía un poco rara por ser nueva (no sabía quién más era nueva en el proceso) y no conocer a nadie, estaba allí para ayudar. Aquel día, aunque hubo algunos percances -que creo se hubiesen podido solucionar más rápido si se hubiese llegado temprano-, todo salió muy bien, los chicos y las chicas que se inscribieron se veían interesados por el proceso y los talleristas aún el doble. Fue en la reunión de cierre de aquel día cuando con otras dos compañeras decidimos asumir el primer espacio transversal que abordaría el tema de la tauromaquia.

Me sentía muy bien en el grupo y a diferencia de otros colectivos en los que me he encontrado veía que trabajaban con fuerza, con amor y que mantenían una coherencia entre lo que decían y hacían. Para mí fue hermoso ver cómo tantos talleristas se levantaban temprano para ir a dar vida a un espacio que antes había sido de consumo de SPA, cómo un grupo de muchachos y muchachas llegaban en sus ciclas o a pie a presentarse ante unos adolescentes sin recibir algo a cambio; llegaban a enseñar, a construir, a aprender de otros y trabajar desde lo comunal porque creen en ello, porque a pesar de estar en una sociedad que nos oprime e intenta cambiar nuestras ideas, siguen en pie, siguen luchando por lo que creen.

Los días siguientes y antes de la primera sesión, tuve algunos problemas de comunicación con mis compañeras, aquellas con las que desarrollaría la primera sesión transversal, y aunque en algún momento me incomodó esa situación, comprendo que son cosas que pasan y que lo importante es seguir. El sábado pasado me presenté en Chipacuy y junto con los compañeros de sociales desarrollamos la sesión transversal con base en unas imágenes que había buscado, se desarrolló la metodología como la tenía pensada. Ahora bien, aunque creo que se pudo realizar una mejor sesión y profundizar aún más en determinados aspectos, el taller en términos generales salió bien; los chicos y las chicas construyeron con los materiales que se tenían cosas muy valiosas donde dejaban entre ver su pensar, las ideas y discusiones que habían tenido en torno a la tauromaquia. Estas expresiones artísticas se expusieron en uno de los muros del salón. Este día no pude estar más tiempo, a eso de la 1 de la tarde salí de Chipacuy hacia mi hogar con deseos de seguir trabajando en aquellos espacios transversales.

16114578_1250342175055579_6129868185782455895_nHoy, 8 días después, me encuentro redactando este texto debido a que no podré asistir a la reunión del día de mañana. Lo redacto porque quiero, por una parte, dejar ver lo que he pensado a lo largo de estos días (y en el corto tiempo que llevo en el proceso) sobre este grupo de educadores populares, y por otra parte, para darle las gracias a todos y cada uno de los que hacen parte de esta propuesta de educación alternativa, por permitirme tocar sus puertas y acompañarlos -poco a poco- en esto que de lejos parece ser una utopía, pero que se materializa en cada reunión, cada sábado y domingo que se abren las puertas de un recinto para aprender, discutir y empoderarnos desde algunos conocimientos acumulados y desde lo más importante: la lectura de nuestra realidad.

Ahora bien, si me preguntan cómo me ha parecido el proceso o me piden evaluarlo, en términos generales y como “recién” llegada puedo decir que me parece hermoso, que admiro a cada uno de ustedes, que como siempre se debe trabajar para mejorar, que debemos seguir escuchando a otros e intentando ser más cumplidos en ciertas ocasiones. Es un proceso bastante enriquecedor donde se aprecia el amor con el que trabajan las talleristas. Puedo decir que hasta donde he visto el PIP ha salido bien y que en general se percibe un compromiso bastante fuerte.

No sé cuánto tiempo los acompañaré, pero me acerqué al GTEP para dar un primer paso y comenzar así un largo viaje pues el mundo es un pizarrón y en los tiempos de la individualidad y el egoísmo, la colectividad y la solidaridad se convierte en acciones revolucionarias para comenzar a humanizar. Gracias por permitirme ayudarles a construir esta propuesta en el 2017; pues como ustedes, desde hace años he creído en la educación como la base del cambio social.

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