El diálogo en educación, metodología y técnicas de la Educación Popular

ORDEN DEL DÍA:

  1. Lectura de la relatoría de la sesión anterior
  2. Puesta en escena: “Conversando sobre el diálogo”
  3. Teléfono roto: ¿cómo entiende el diálogo la Educación Popular?
  4. Presentación: “Del diálogo de saberes al diálogo cultural”
  5. Telaraña: técnicas participativas

 

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  1. Lectura de la relatoría de la sesión anterior

 La segunda sesión de la Escuela empieza con una corta introducción al tema del diálogo en educación. La persona encargada de la moderación nos explica que el diálogo es un tema clave para entender la propuesta político-pedagógica de la Educación Popular (en adelante EP) y que a veces la palabra diálogo y la pregunta por ¿cómo dialogamos? se convierten en lugares comunes en nuestros discursos, reflexiones y prácticas, de ahí que sea importante dedicarle una sesión específica a este apasionante e imprescindible tema.

 Paso seguido el compañero encargado de la relatoría de la primera sesión presenta el texto haciendo énfasis en los acuerdos y preguntas que quedaron de nuestro primer encuentro.  Cuando el compañero está acabando su intervención entra una compañera preguntando si es en este salón donde se está desarrollando la Escuela de Nuevxs Educadorxs Populares (en adelante ENEP), la persona encargada de la moderación responde que sí y la invita a sentarse.

  1. Puesta en escena “Conversando sobre el diálogo”

 Empieza entonces una conversación “extraña” y poco común en estos espacios. La moderadora y la chica que acababa de entrar al salón empiezan a hablar entre ellas, las demás participantes nos quedamos mirándolas sin entender muy bien la situación.

 Las dos compañeras se conocieron en la ENEP del año pasado y su conversación gira en torno a una sesión específica donde – según ellas – fue imposible dialogar. Empiezan a recordar por qué no se pudo dialogar, cuando una de las participantes de esta sesión interrumpe a las compañeras y le pregunta al compañero que presentó la relatoría si ya había acabado de exponer los puntos del documento, el compañero asiente con la cabeza, hay un silencio incómodo, y la moderadora y la chica siguen con su entretenida conversación.

Afirman que dialogar no es nada fácil, que a veces es tan difícil reconocer a la otra y a su diferencia que en últimas “terminamos desarrollando más escenarios de confrontación y menos oasis en los cuales tomar aliento”. En ese sentido, para las compañeras, dialogar no es solo una apuesta pedagógica sino también es política pues parte de reconocer la máxima freiriana de que no podemos ser si las otras no son o mejor si prohibimos que las otras sean.

La conversación sigue avanzando y las compañeras plantean algunas preguntas, por ejemplo: para que un espacio educativo sea dialógico ¿es necesario que hablen todas las personas que participan en él? ¿Permitir que las participantes hablen sin restricción alguna, de tiempo o de tema, por ejemplo, favorece el diálogo y es sinónimo de que el espacio es participativo? Ellas se responden a sí mismas, diciendo que obviamente no, pues existen espacios y experiencias donde todo el mundo habla pero no necesariamente están dialogando, cada persona expresa su punto de vista y se queda con él. A partir de esta respuesta se afirma que un espacio es dialógico si todas las participantes están dispuestas a escuchar.

Una de ellas problematiza esta afirmación al reconocer que la escuela hegemónica tradicional sienta sus bases pedagógicas en la escucha y el silencio de las educandas. La otra compañera le dice que no se está entendiendo bien lo que significa escuchar, porque parece haber una implícita jerarquización, según la cual hablar es superior a escuchar, pues implica “actividad”, mientras que escuchar está asociado con la “pasividad”. En este sentido, deberíamos preguntarnos si escuchamos a las otras y si esto, acaso, no nos exige una actitud activa y receptiva.

 Las dos sonríen y afirman que no sabemos escuchar activa y receptivamente, pero tampoco sabemos hablar y que a veces hablamos y hablamos, sin cuestionarnos si el hecho de decir todo lo que se quiera contribuye al diálogo, y que es necesario pensar cuál es la pertinencia de lo que decimos, cuál el momento para decirlo; pensar que hay otra que también quiere hablar, de manera que conviene medir el tiempo de nuestras intervenciones; pensar que, si queremos dialogar, no podemos hablar sólo de lo que a nosotras nos interesa o dejar que las palabras de la otra sean sólo ruido en los oídos, un ruido que no nos cuestiona, que no nos transforma, porque ya tenemos una idea tan fija que damos por sentado que nada la cambiará.

En esos momentos nos miran y dicen que en ese sentido dejarán de hablar entre ellas para dar paso a que otras hablen. Nuevamente hay un silencio y la moderadora toma la palabra diciendo que después de esta pequeña puesta en escena vamos a continuar con el siguiente punto del día. Algunas personas se ríen y otras se miran un poco confundidas.

  1. Teléfono roto: ¿cómo entiende el diálogo la Educación Popular?

 La moderadora continúa con su intervención reconociendo que un punto clave de la conversación giraba en torno a la afirmación de que dialogar implica el acto de escuchar y de hablar. Sin embargo a veces pensamos que escuchar y hablar es algo que todas las personas sabemos, que está con nosotras desde el nacimiento, pero por lo que hemos visto, a escuchar y hablar también se aprende y aprenderlo es un proceso difícil, pero también una acción clave y concreta para hacer EP, para construir con la otra, para reconocerla, para dejar que su experiencia, su saber, su palabra, su ser, se ponga en diálogo con nuestra experiencia, saber, decir y ser.

En este momento nos sugiere intentar dar respuesta a la pregunta: ¿cómo entiende el diálogo la EP? La respuesta la vamos a construir a partir de un juego que nos evoca recuerdos de la infancia: el teléfono roto. La idea es pasar la información que escuchemos al oído agregándole nuestra respuesta a la pregunta, al final tendremos – si todo sale bien – una respuesta que contenga las respuestas de todas las participantes.

El juego comienza entre risas, confusiones y nervios. La última persona nos dice el mensaje que llegó: el diálogo (para la EP) es construcción colectiva de conocimiento, transformación y diálogo de saberes. Todas las participantes se ríen por lo resumida que está la respuesta y la moderadora nos hace las siguientes preguntas: ¿qué respuestas faltaron? ¿por qué creen que se omitieron dichas respuestas?

Empieza la discusión. Se reconoce que quedaron muchas afirmaciones sin recoger, por ejemplo: el diálogo como simbiosis, como apuesta política y pedagógica, el diálogo no solo de saberes sino de afectos, emociones, creencias, tradiciones, el diálogo como elemento de emancipación y lucha, entre otras.  Se afirma que algunas respuestas estaban contenidas en otras y por eso no se recordaron, también se afirma que cada persona entiende e interpreta lo que le dice la otra de una manera distinta y omite lo que le parece redundante, lo que simplemente no entiende o no le interesa. Veamos la siguiente tabla que resume nuestras reflexiones:

¿Qué respuestas faltaron? ¿Por qué creen que se omitieron dichas respuestas?
Dilogo como:

  • Simbiosis
  • Apuesta política y pedagógica
  • Emancipación y lucha
  • Diálogo de afectos, emociones, creencias, tradiciones, etc.

 

  • Mucha información
  • La respuesta final condensa o recoge todas las afirmaciones
  • Lo que no se sistematiza (se escribe) se olvida con facilidad
  • La memoria no es igual en todas
  • Cada persona entiende e interpreta lo que le dice la otra de una manera distinta y omite lo que le parece redundante o lo que simplemente no entiende o no le interesa

Enseguida la moderadora nos plantea una pregunta aún más difícil: ¿creen ustedes que en este ejercicio del teléfono roto estábamos dialogando?. Muchas personas alzan las manos. Estas fueron algunas respuestas:

  • Definitivamente no, porque el ejercicio desde un principio planteaba la sumatoria de respuestas y no la confrontación y discusión de las mismas. El diálogo es confrontación, desequilibrio, negociación.
  • Puede que sí hayamos dialogado porque para dar la respuesta individual cada persona escuchaba lo que otras ya habían dicho y con eso cambiada y modificaba su respuesta. El diálogo implica cambio de las propias posiciones a partir de lo que otras dicen.
  • No dialogamos porque las respuestas iban en una sola dirección, es decir, el ejercicio planteaba la unidireccionalidad, que evidentemente no tiene que ver con el diálogo, de hecho una regla del juego era que no podíamos devolvernos ni preguntarle nada a las compañeras de al lado. El diálogo no es unidireccional, todo lo contrario va y viene.
  • Sí dialogamos porque de alguna u otra manera el ejercicio nos dejó dudas e inquietudes y todas tuvimos la oportunidad de decir lo que pensábamos sobre el tema. El diálogo permite y da la posibilidad de dudar, de inquietarnos, en últimas, de transformarnos.
  • No dialogamos porque se silenciaron algunas intervenciones, se omitieron muchas cosas ¿por qué se omitieron? Sería la pregunta clave. El diálogo intenta recoger las reflexiones de las participantes del proceso educativo y no omite, no silencia, no censura. 

La discusión sigue su desarrollo y aparecen otras preguntas y reflexiones, entre ellas y relacionando el ejercicio del teléfono roto con el ejercicio de la puesta en escena de la conversación sobre el diálogo: ¿cuál es la diferencia entre dialogar y conversar?

Fueron muchas las intervenciones y reflexiones que se generaron a partir esta pregunta, en un principio se decía que en algunos momentos el diálogo recoge el calor de la conversación y que por eso era necesario precisar que de lo que estábamos hablando era del diálogo en educación, a partir de esta precisión nos encontramos en las siguientes afirmaciones:

DIÁLOGO EN EDUCACIÓN
  • Es intencional
  • Transforma
  • Genera nuevas cosas (reflexiones, consensos, conceptos, dudas, preguntas, afirmaciones)
  • Debe prepararse, planearse, pensarse
  • Se desarrolla en un espacio y tiempo definido. El espacio específicamente pedagógico que no solo es un espacio físico sino un condicionamiento de las personas que saben que se encuentran en dicho escenario
  • Tiene unas reglas y acuerdos mínimos (tema, metodología, etc.)
  • Tiene contrapartes y puntos de vista diferentes[1]
  1. Presentación: “Del diálogo de saberes al diálogo cultural”

 Después de la discusión que generó la dinámica del teléfono roto, una compañera pasa a presentar algunas reflexiones que han hecho varias educadoras populares frente al tema del diálogo en la EP (ver presentación adjunta). Algunos puntos claves fueron:

  1. El diálogo de saberes ha sido históricamente un principio y apuesta metodológica de la EP, sin embargo y a partir de los cambios que genera la crisis del paradigma socialista – con la caída del muro de Berlín – , la EP empieza a trabajar con los nuevos movimientos sociales y a reconocer que no sólo se dialoga a partir de los saberes (es decir de lo cognitivo, lo argumental, la razón) sino que existen otras dimensiones de la condición humana (afectos, emociones, creencias, tradiciones, deseos) que son importantísimos a la hora de hacer diálogos efectivos y transformadores, por eso hablamos de pasar del diálogo de saberes al diálogo cultural.
  2. Se presenta la propuesta para “hacer operativo el diálogo” que ha desarrollado la Asociación Dimensión Educativa[2] y que parte de reconocer que en el proceso educativo nos encontramos con un sujeto de saberes y un sujeto cultural. A partir de este reconocimiento se plantea la necesidad de conocer qué es lo que sabe y cuáles son sus concepciones y prácticas. Esta recuperación del punto de vista y de los afectos, emociones, creencias, concepciones de mundo, tradiciones del otro se hace a partir de un proceso de investigación (Dimensión propone la Etnografía Acción Participativa) riguroso y delimitado en el tiempo.
  3. Después de recuperar el punto de vista de las participantes del proceso educativo, entramos en la disyuntiva de qué hacer con eso que saben, piensan y sienten. Dimensión plantea como propuesta desarrollar escenarios de desequilibrio y ampliar los horizontes de sentido de las participantes, a partir del reconocimiento de que no todas tienen los mismos puntos de partida y por ende tampoco los mismos puntos de llegada (Zona de Desarrollo Próximo) y al entender que el proceso educativo es un escenario de negociación en el que se hace indispensable llegar a compromisos concretos que hagan posible la acción transformadora, que no solo es de las condiciones materiales, también de las personas y sus concepciones y prácticas.
  4. Durante la presentación la compañera expone algunos ejemplos concretos dónde fue posible desarrollar los escenarios de negociación y desequilibrio. Dichos ejemplos se encuentran reseñados en la publicación de Germán Mariño “El diálogo en educación. Recapitulaciones sobre la construcción de una propuesta pedagógica”
  1. Telaraña técnicas participativas

 Se pasa al último punto de la sesión que tiene que ver con la metodología y las técnicas participativas en la EP. La moderadora afirma que es importante reconocer que, como bien lo señala el educador popular Oscar Jara, la metodología en la EP es un principio articulador, un principio que se basa en  la tripleta practica-teoría-practica y en reconocer el carácter dialéctico de la construcción conjunta de conocimiento. La metodología por lo tanto, tiene que responder a preguntas como: ¿cuál es la intención y objetivos de la sesión o taller? ¿Con qué grupo específico vamos a trabajar? ¿Qué temáticas desarrollaremos? ¿Qué técnicas vamos a utilizar para dinamizar el taller? También se plantea que hay una diferencia entre la metodología, entendida como un principio articulador de la acción pedagógica, y las técnicas, en tanto herramientas que ayudan a materializar ese principio. En el caso de la EP, puede hablarse, siguiendo a Oscar Jara, de una concepción metodológica dialéctica, según la cual el conocimiento se construye a través de un movimiento de la práctica a la teoría y de ésta nuevamente a la práctica. La metodología se concreta en el uso de técnicas participativas.

Existen muchas y muy variadas técnicas de participación.  El objetivo del ejercicio final fue reconocer algunas de ellas. Para ello se ha pegado en el salón fichas bibliográficas con los nombres y las  definiciones de 28 técnicas que encontramos en el libro “Técnicas participativas para la Educación Popular”, la idea es que entre todas armemos parejas uniendo con un hilo el nombre con la definición de la técnica, al final tendremos una gran red que enlaza cada nombre con las definiciones.

Por falta de tiempo no pudimos desarrollar completamente le ejercicio, sin embargo al finalizar la sesión se preguntó por la técnica que más nos llamó la atención, entre las respuestas encontramos: “presentación bailable”, “sombras chinas” y “caos”, se explicaron estas tres técnicas y se dio por finalizada la sesión con la promesa de volver a encontrarnos el jueves 16 en la tercera sesión de la ENEP dedicada al debate disciplinar e interdisciplinar.

[1] En ese punto se reflexiona sobre el poder que tienen algunos puntos de vista o intervenciones que se hacen desde un lugar privilegiado (autoridad, experiencia, posicionamiento, ser hombre, ser blanco, heterosexual, etc.)

[2] La Asociación Dimensión Educativa es una ONG pionera de la EP en Colombia que inicia su trabajo con los procesos de alfabetización de adultos y que desde los 70´s se ha dedicado a acompañar a organizaciones sociales y aportar desde el campo educativo a los procesos de transformación en el país. En Dimensión han trabajado educadoras populares como Lola Cendales, Germán Mariño, Mario Peresson, Alfonso Torres, Marco Raúl Mejía, por nombrar algunas.

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